Entry: [art] Los problemas para asumir la incompletud en el campo de las ciencias de la comunicación Tuesday, January 11, 2005



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*Eduardo Álvarez Pedrosian es Antropólogo, docente e investigador en la Cátedra de Epistemología de las Ciencias de la Comunicación, Lic. en Ciencias de la Comunicación y en el Depto. de Historia y Filosofía de la Ciencia, Instituto de Filosofía, Fac. Humanidades y Ciencias. de la Educación; Universidad de la República, Uruguay.

Existe en principio, bastante popularizado en los ámbitos académicos contemporáneos, que refiere a la aceptabilidad de lo imposible e inconveniente, lo estéril -y aún así largamente perseguido- que resultara ser en nuestro pensamiento occidental la búsqueda de algo así como de una totalidad absoluta, una unidad rotunda. Principio de incompletud le llaman los partidarios del pensamiento complejo; creo que algo más sofisticado ha sido el tratamiento de este tema en la síntesis deleuziana; la problemática está presente en todas las líneas, tradiciones, movimientos intelectuales dentro y fuera de los ámbitos instituidos del saber académico, y sus fuentes se pierden en el fondo de los tiempos. Pero en fin, en la actualidad, muy pocos son quienes creen poder llegar a finalizar definitivamente una tarea, en alcanzar absolutamente un objetivo en lo que respecta al conocimiento científico por lo menos. También es cierto que en las últimas década abundó, pero tengámoslo claro, en las filosofías producidas en el norte y con adeptos aquí en el sur, una postura que festejaba esta situación en un tono de abúlica complacencia. De nada sirve, así lo creo, la idea de la incompletud si esta está asociada a la de abundancia, si se sustrae de una experiencia así concebida. Sencillamente, esta asociación es degradante; primeramente, por el tipo de subjetividad que funda, la de un grotesco consumista; su imagen ha sido excelentemente lograda por una parodia cinematográfica de los Monty Pythonen la cual ocurre que un señor obeso no para de tragar comida hasta que revienta su cuerpo, sus órganos salen disparados y su esqueleto queda a la vista entre los retazos resultantes del estallido. En segundo lugar, porque este sujeto constituye una vergüenza insostenible en lo que hace a una ética en tanto relacionamiento de las subjetividades entre sí y ante sí mismas, no puede más que despertar el desprecio y la reacción encolerizada de quienes jamás dejamos de soportar una existencia plagada de carencias. La incompletud desde la pobreza, desde, como diría Walter Benjamin «la historia de los oprimidos» no tiene nada que ver con la sobra, contrariamente, se sabe que la verdad es inalcanzable, que el objeto siempre se escapa y no se deja asir, pero nada más lejos de la insatisfacción por exceso de satisfacción. El deseo de conocimiento encuentra su satisfacción allí donde reconoce evaluando que lo conseguido no alcanza, y jamás alcanzará, y sin hacer una ontología fundada en la carencia, más bien se funda en la dirección de una ecología, en una gestión de recursos para la cual siempre habrá en qué y siempre faltará para invertir en nuevos objetivos; movilización que se sostiene a la vez en la fruición de lo alcanzado, en su deleite y gozo. El hedonismo se concilia con el escepticismo, toda ontología puede ser nihilista en tanto se dispare a partir de los valores al encuentro de una proliferación innovadora de los mismos. Lo valioso es tal en tanto nos mueva hacia otros horizontes que no degraden nuestra condición, los valores generan por tanto una necesidad, llenan un vacío existencial pero no para condenar a la subjetividad a un fijamiento pivotante sino para otorgarle un vehículo en la mediación ilimitada y productora de nuevas expresiones y contenidos, nuevos valores para existenciar, disponer u agenciar nuestras formas de subjetivación con sus respectivas e inextricables objetivaciones. En sí misma la subjetividad es una objetivación de sí misma, y las ambigüedad y oscuridades en torno a la relación entre el lenguaje y el pensamiento lo testimonian: el proceso que conocemos en griego como de autopoiesis, de creación de sí mismos, o en términos matemáticos y lógicos el proceso de retroalimentación tan trabajado por la cibernética –justamente la ciencia del pilotaje-, no hace otra cosa que tratar de ayudarnos a comprender cómo es posible que nos mantengamos siempre en tránsito.  (leer más...)

Fuente: [comuniquiatras]

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