Entry: [art] Iraq año cero . Santiago Alba Sunday, December 19, 2004



Año y medio después de la invasión estadounidense, nos hemos acostumbrado a que haya una Ocupación en Irak como nos hemos acostumbrado a que haya una Torre Eiffel en París o un Gugenheim en Bilbao: gran parte del poder ansiolítico de los medios de comunicación procede, en efecto, de su tendencia a tratar la destrucción, el crimen, el poder siempre eficaz de la violencia, como si fuesen monumentos; es decir, de su capacidad para naturalizarlos en el horizonte de la percepción, para inscribirlos blandamente -como puros símbolos de intermitente comparecencia- entre los escombros con los que tenemos que construir nuestro conocimiento del mundo y nuestras defensas frente a él. Porque el problema no es sólo que nuestra costumbre sea, al mismo tiempo, la zozobra de los otros; el problema es que la costumbre deja pasar, sin que las reconozcamos, las fuerzas que amenazan con desmoronar ventajas y seguridades que sólo la costumbre nos hace creer indestructibles. Podemos abordar la cuestión iraquí desde un punto de vista económico y hablar, entonces, de los precios del petróleo, de la gresca del dólar contra el euro, de la defensa numantina de Wall Street o de la expansión estadounidense de su lebensraum económico al socaire de una debilidad estructural sin precedentes y en el marco de una globalización capitalista que erosiona los procedimientos de acumulación tradicionales.

Podemos abordar la cuestión iraquí desde un punto de vista geo-estratégico y hablar, entonces, de la necesidad creciente de asegurar el acceso a las fuentes de combustible fósil (según lo que Michael T. Klare llama Doctrina Cárter) y de cubrir, por tanto, mediante metástasis aparentemente caprichosas, la totalidad de los territorios explotables (el Golfo, el Caúcaso, Africa Subsahariana y Latinoamérica). O también de la supervivencia de Israel, como de la supervivencia de un puñal o de un gusano en la manzana, asociada a su control económico y territorial del mundo árabe.

Podemos abordar también la cuestión iraquí desde un punto de vista humano y hablar, entonces, de las miles de víctimas civiles de los bombardeos estadounidenses como colofón -o simple punto y seguido- de doce años de embargo, con su millón de muertos reconocido por la ONU; de la destrucción premeditada de toda la infraestructura social del país con su secuela de enfermedades inducidas, inseguridad cotidiana y deterioro extremo de las condiciones más elementales para la supervivencia; o del allanamiento del patrimonio cultural de un pueblo y de la sustitución, en las escuelas, de la memoria histórica de una nación por una prótesis hollywoodesca. O podemos lamentarnos muy justamente de la degradación moral que para toda la humanidad implica una situación en la que, al bombardeo intencionado de mercados y el uso de uranio empobrecido, han seguido las torturas de Abu Ghraib y las decapitaciones en directo, en una dinámica de superación deportiva que emborrona interesadamente la posibilidad de establecer diferencias(leer más...)


Fuente: [rebelion]

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