Entry: [art] El hombre diferido. El tatuaje como espectáculo del sujeto implicado. Richard Danta Wednesday, November 10, 2004



  

El hombre diferido. El tatuaje como espectáculo del sujeto implicado.
Richard Danta


 

“I weave for you
the marvellous web
glow in the dark threads
all neon like
the cocoon surrounds you
embraces all
so you can sleep
foetus style”
“All Neon Like”
(Björk, Homogenic, 1997)

Nuestro cuerpo nos acompaña cotidianamente, a través de él nos movemos en el mundo y de hecho, a partir de él lo conocemos. Los olores, los sonidos, las miradas, el placer y el dolor nos sujetan a la sociedad al compartir el entorno en el cual desarrollamos nuestra vida. Pero el cuerpo no trae consigo un conocimiento social que le permita semejante desenvolvimiento. Esto debe aprenderse. El cuerpo es objeto de aprendizaje y es a la vez y esencialmente, un instrumento de conocimiento del mundo. Por lo menos así lo concibió la Modernidad, esa forma particular de pensamiento y organización cultural y política que desde hace aproximadamente cuatro siglos viene configurando la vida en Occidente. En la Modernidad, la Razón, el pensamiento fueron establecidos como la dimensión propiamente humana que le permitía al hombre conocer y consecuentemente dominar el entorno en el cual vivía. El cuerpo no era más que materia natural, una materia particular eso sí, porque no podía desembarazarse de ella fácilmente. Una materia riesgosa además, porque no siempre era controlable.
A pesar de ocasionales irrupciones de rebeldía el cuerpo nos acompaña siempre, por lo cual
resultó necesario que la Razón Social transformara el cuerpo en una herramienta de acción en el mundo. Para ello lo sometió a regímenes de control, estableciendo claramente cómo debía ser usado, cuáles eran las prácticas que le estaban permitidas y especialmente cuáles eran los parámetros de apariencia permitidos. El cuerpo se transformó en el espacio de residencia y acción del Yo, de la persona, la cual desarrollaba a lo largo de la vida el aprendizaje necesario para el uso controlado de Su cuerpo. Los gestos, la postura, los movimientos, la forma en que nos vestimos, maquillamos o peinamos, se revelan como aspectos de una estrategia de presentación de ese Yo en las relaciones sociales, momento en el cual somos juzgados de acuerdo a nuestra competencia en el manejo de estos recursos, los cuales están cuidadosamente regulados por la Ley Social. El Yo está de esta manera corporeizado. El cuerpo pasa a ser un instrumento de exhibición simbólica de la identidad personal, ya que la apariencia se vuelve un elemento central en el reflejo del Yo. Esto implica entonces que nuestros cuerpos son efectivamente diseñados para actuar en el mundo de la manera que nos resulte más útil, aunque el dolor, la enfermedad e incluso el placer insistan en rebelarse ante ese pretendido control utilitario. (leer más...)

Fuente: [comuniquiatras]

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