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Buendía, 20 años después



No. 51, Mayo 2004

Buendía, 20 años después

Libertad de prensa: ¿Dónde, cómo y para qué?

por: Manuel Buendía

Son curiosos y un poco bastardos los orígenes del Día de la Libertad de Prensa, cuya edición número 32 se ha celebrado hace tres días.

Digo esto porque hasta donde es posible recordar, saber o estar informado, esta idea surgió más bien de un cierto grupo de empresarios, y salvo variantes o matices, se ha man­tenido así, como una festividad de esos empresarios que se reúnen con frecuencia a festejar el éxito de la prensa como negocio.

Y los empresarios del periodismo, todos los sabemos bien, son de dos clases.

Los hay, por supuesto, que son periodistas auténticos, de estirpe, por vocación, por aptitud, por entrega. Se meten a empresarios porque no hay periódico o revista que no sea en su base y estructura económica, una empresa, de propie­dad social o privada, pero empresa al fin

. Esta es una clase de empresario en el periodismo.

Digamos que a ella pertenecen los periodistas que se de­ben vestir a ratos como hombres de empresa, para sustentar no una de lucro por el lucro mismo, sino una empresa de la inteligencia, del espíritu; un proyecto económico cuya jus­tificación es mayor, más alta, y consiste en servir de base, sustento y protección a una magnifica aventura de ese arte, esa ciencia y esa técnica puestos al servicio de la colectividad, características que, en conjunto, definen al periodismo.

En la otra clase de empresarios podemos distinguir tres especies:

— La del hombre de negocios sencillo y rupestre (más rupestre que sencillo) que de pronto adquiere un perió­dico, porque él se imaginó o alguien le dijo que era buena inversión

. — La del negociante que adquiere uno o varios periódicos y revistas como “puntal” para otro tipo de negocios: terrenos, inversiones financieras, agencias de automóviles, ventas al gobierno, hoteles, etcétera.

— La del delincuente, dentro y fuera de los negocios, que establece un periódico porque el ‑archimillonario, al fin­ desea comprar impunidad y respetabilidad social. Además, claro, de poder cumplir a través del periódico, unas cuantas venganzas.

Con la primera clase de empresarios, los claros, profun­dos, enaltecedores fines del periodismo están asegurados.

Ellos respetan la verdadera libertad del periodista –re­portero, fotógrafo, comentarista– porque saben en qué consiste.

Saben que no es total y que no debe darse fuera del mar­co de la responsabilidad

. Saben que la libertad del periodista es como la libertad del soldado en combate.

No hay libertad para desertar, para traicionar, para pac­tar con el enemigo, para aceptar sus sobornos o para pasarse al campo contrario con armas y bagaje.

Sólo hay libertad para decidirse por el camino y la acción que representan el mayor esfuerzo, el riesgo más grande.

Sólo hay libertad para escoger este o aquel escalón de la limpia y merecida gloria personal.

Ellos, esta categoría de empresarios, respaldan y defien­den al reportero, cuando en el legítimo ejercicio de sus fun­ciones, es objeto de amenazas y aun de ataques físicos por parte de quienes siempre estarán en contra de los auténti­cos objetivos sociales de nuestra profesión

. Hay en las redacciones y en los talleres de los periódicos así fundados, así organizados, así sostenidos, un espíritu de solidaridad, de entrega, de cabal comprensión respecto a las metas compartidas.

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Fuente: [periodicozocalo.com.mx]

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