|
 |
|
Una vez me contaron que, cansados de verme garabatear donde no debía y
siendo muy pequeñita, me regaló mi abuela un cuaderno, un lápiz y una
goma de borrar para tenerme entretenida. Me dijeron que me pasaba horas
"escribiendo" y borrando en aquel cuaderno. Aquella niña aprendió
pronto a leer y a escribir. Creció y siguió escribiendo. Primero fueron
diarios, alguna poesía y cuentos que iban a parar al arca de sus cosas
reservadas; más tarde empezó a hacer crecer aquellas historias y fue
dando forma, cobijada en la noche, a algunas novelas y a algunos
poemarios que también acabaron en un cajón. Montones de hojas
emborranadas han dormido junto a aquellas horas sin sueño antes de
sacar a la luz una de aquellas novelas, Los Lagos del Cielo, y uno de
aquellos poemarios, Al Calor de la Idea... (Continua)
|
|
 |
 | Fuente: [radioaxioma]
|