|  Julio Anguita |
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| Antonio Gómez: Las transformaciones políticas que se produjeron en la Transición política no afectaban la continuidad del sistema. El objetivo perseguido era que la izquierda antifranquista, es decir, los elementos situados la izquierda del PSOE, no buscaran su fundamento histórico y testimonial en la II República, en la legalidad rota tras el golpe de Estado. El franquismo no es una dictadura que finaliza con el dictador, sino una estructura de poder que se integra en la nueva monarquía. No se llega a producir una auténtica ruptura democrática. Que hombres procedentes del franquismo hayan protagonizado su reforma es la cristalización de un fenómeno: la continuidad de las estructuras del sistema socioeconómico anterior.
Hoy existe un cuestionamiento creciente de la Transición, hasta hace muy poco casi unánimemente considerada como modélica. Hoy podemos decir que no fue una historia felizmente ejemplar. Esa es una versión falsa de la Transición. La democracia mejorable de la que disfrutamos se consiguió a costa de la injusticia. Lo que la estricta justicia histórica dictaba a la muerte de Franco era restaurar la única legitimidad posible –la republicana- liquidar cuanto antes cualquier rastro de aquel régimen oprobioso y procesar a quienes lo impusieron por las armas y por las armas lo mantuvieron durante 40 años. Se partió de Fraga y se ha llegado a Fraga. Los medios de comunicación se han encargado de divulgar un mensaje unidireccional sin posibilidad de contestación. Julio Anguita: Yo recuerdo que en esta misma casa (sede el PCE de Córdoba) recibimos la noticia de que la dirección del partido había decidido aceptar la bandera y la monarquía. Yo estaba aquí. Nos reunimos unos cuantos, echamos pestes y después aceptamos. Asumimos y fuimos disciplinados. Yo, que salí a pedir el voto para la Constitución, tengo que decir que me equivoqué. Hubo errores, por parte nuestra, ingenuidades y otras cosas más feas, hubo de todo, una panoplia de actos. Pero en nosotros sí quedó un poso de cuestionamiento.
A. G. El régimen de Franco no fue derrotado, sino que se autotransformó en una democracia otorgada por las fuerzas sociales dominantes y sus representantes políticos. De hecho, cuando a partir de la primavera de 1976 el Partido Comunista renunció al enfrentamiento político frontal y a las manifestaciones en la calle, al poder heredofranquista le resultó fácil negociar consigo mismo.(leer más...) Fuente: [estepona al día] |