El capitalismo convierte en mercancía todo lo que se pone a su alcance.
Los alimentos son
convertidos en energéticos para viabilizar la irracionalidad de una
civilización que, para sostener la riqueza y los privilegios de unos
pocos, incurre en un brutal ataque al medio ambiente y a las
condiciones ecológicas que posibilitaron la aparición de vida en la
Tierra.
La transformación de los alimentos en energéticos constituye un acto monstruoso.
El capitalismo se
dispone a practicar una masiva eutanasia de los pobres, y muy
especialmente de los pobres del Sur, pues es allí donde se encuentran
las mayores reservas de la biomasa del planeta requerida para la
fabricación de los biocombustibles. Por más que los discursos oficiales
aseguren que no se trata de optar entre alimentos y combustibles, la
realidad demuestra que esa y no otra es precisamente la alternativa: o
la tierra se destina a la producción
de alimentos o a la fabricación de biocombustibles.
Se intensifica el debate
Atilio Borón, un
prestigioso pensador de izquierda que hasta hace poco dirigió el
Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), escribió un
artículo para el VI Encuentro Hemisférico de Lucha contra los TLC y por
la Integración de los Pueblos, recién concluido en La Habana, que tuvo
la amabilidad de enviarme acompañado de una carta.
La esencia de lo que
escribió y he sintetizado a partir de párrafos y frases textuales de su
propio artículo, fue lo siguiente: (leer más...) Fuente: [unilco]
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